GLADYS BERMEJO
UNA HISTORIA QUE COMENZÓ ANTES DE NACER
Para Gladys Bermejo, la música nunca fue simplemente una profesión. Fue el mundo en el que nació.
Su historia comienza mucho antes de su llegada al mundo, entre México y Argentina, en una familia donde cantar, tocar instrumentos y crear música formaba parte de la vida cotidiana.
Su padre, Guillermo Bermejo, fue uno de los fundadores del reconocido trío mexicano Los Calaveras, agrupación que formó parte de una importante época de la música popular mexicana.
Durante una estancia en Argentina, Guillermo conoció al compositor de tangos Alberto Suárez Villanueva, autor de La luz de un fósforo. De aquella amistad surgió una invitación que terminaría cambiando su vida: hospedarse en casa de la familia del compositor.
Allí conoció a Luz Bermejo, una joven cantante argentina que se convertiría en su esposa y en la madre de Gladys.
Luz también tenía una trayectoria musical y había participado en reconocidas grabaciones de música infantil en Argentina.
Juntos, Guillermo y Luz formaron un dueto que llegó a ser reconocido como los embajadores de la música mexicana en Argentina.
La música no solamente había unido a sus padres. También se convertiría en el vínculo que acompañaría a toda la familia.
Gladys creció rodeada de canciones, ensayos, instrumentos y voces. Junto a sus hermanos Margie, Mili, Miguel y Tiqui, formó parte de un entorno familiar en el que el arte estaba presente prácticamente todos los días.
Desde muy pequeña comenzó a mostrar una relación especial con la música.
A los tres años empezó a estudiar guitarra con su padre. Y hay un detalle que refleja muy bien aquella etapa: no utilizaba una guitarra infantil, sino un instrumento de tamaño normal que parecía enorme entre sus pequeños brazos.
Poco después comenzó también sus estudios de piano.
Mientras otros niños apenas descubrían sus primeros intereses, Gladys ya estaba familiarizada con los ensayos, las cámaras de televisión y las presentaciones musicales.
Siendo todavía una niña, participó junto a sus hermanos en programas como Siempre en Domingo, conducido por Raúl Velasco, uno de los espacios musicales más emblemáticos de la televisión mexicana.
Pero su infancia artística no se limitó a la música.
También encontró oportunidades en el teatro y el cine, compartiendo experiencias profesionales con destacadas figuras de la actuación mexicana.
Participó en la película El castillo de la pureza, dirigida por Arturo Ripstein, una producción que reunió a intérpretes como Claudio Brook, Rita Macedo, Arturo Beristain y Diana Bracho.
Aquellas experiencias le permitieron descubrir desde muy joven que un artista no se comunica únicamente mediante las palabras o las notas musicales. La interpretación, la intención, el movimiento y las emociones también forman parte de lo que el público recibe.
Sin embargo, la música continuaba siendo su gran pasión.
Con el tiempo desarrolló una sensibilidad auditiva extraordinaria y una capacidad de reconocimiento musical que relaciona con el oído absoluto (perfect pitch).
Su formación y dedicación la llevaron a uno de los momentos más importantes de su vida: estudiar canto en Berklee College of Music, en Boston.
Allí recibió una beca completa para estudiar canto, un reconocimiento que marcó profundamente su trayectoria académica y artística.
Gladys recuerda que, mediante una carta enviada por la institución, se le comunicó que había sido la primera cantante en recibir una beca completa de esa naturaleza durante los primeros 25 años de historia de Berklee.
Durante su estancia en Berklee tuvo la oportunidad de estudiar con músicos y arreglistas de gran trayectoria, entre ellos Richard Evans, cuyo trabajo estuvo vinculado a reconocidos intérpretes de la música estadounidense.
También tuvo la oportunidad de presentarse en el Berklee Performance Center, donde interpretó el estándar de jazz Yesterdays.
Aquella etapa amplió su visión del canto y reafirmó algo que con los años se convertiría en una parte fundamental de su manera de enseñar: una voz no puede comprenderse únicamente desde las notas que alcanza, sino también desde su funcionamiento, su musicalidad, su interpretación y las características únicas de quien la utiliza.
De regreso en México, Gladys continuó desarrollando su carrera profesional.
Trabajó en estudios de grabación, en proyectos de composición y producción musical, así como en la interpretación de comerciales y jingles para radio y televisión.
También se dedicó a la enseñanza, compartiendo sus conocimientos musicales con nuevas generaciones de estudiantes.
Su experiencia la llevó a trabajar en importantes producciones televisivas y en la preparación vocal de artistas, cantantes y participantes de concursos musicales.
A lo largo de su trayectoria ha participado en más de 20 reality shows como Cantando por un Sueño, El Show de los Sueños, Pequeños Gigantes, Parodiando, La Vida es Mejor Cantando, Nuestra Belleza Latina entre otros, colaborando en proyectos relacionados con cadenas como Televisa, TV Azteca, Univisión y Telemundo.
Detrás de las cámaras, su labor ha consistido en mucho más que preparar una canción.
Cada participante llega con una voz diferente, una historia personal, fortalezas, inseguridades y dificultades propias.
Gladys aprendió que, para ayudar verdaderamente a una persona, primero es necesario escucharla, comprender cómo utiliza su voz e identificar qué necesita desarrollar.
Con los años ha tenido el placer de trabajar como vocal coach de más de 100 artistas y profesionales de distintas disciplinas, incluyendo música, actuación, locución, conducción de televisión, periodismo, crónica deportiva y presentación ante el público.
Esta diversidad de experiencias le ha permitido comprender que la voz es una herramienta esencial tanto para quien canta frente a miles de personas como para quien necesita comunicar una noticia, interpretar un personaje, narrar un acontecimiento deportivo o transmitir una idea con claridad y seguridad.
Pero hubo un episodio en su propia vida que transformaría profundamente su manera de entender la voz humana.
Cuando recibió una invitación del compositor Leonardo Sandoval para participar en la grabación de un disco, Gladys descubrió que su voz ya no respondía como antes.
Aquello resultó especialmente difícil para alguien que había pasado prácticamente toda su vida cantando.
Después de recibir opiniones que apuntaban a la posibilidad de que tuviera nódulos vocales, acudió a una evaluación endoscópica realizada por el Dr. Masao Kume, quien identificó una alteración relacionada con el reflujo.
Esa experiencia despertó en ella una nueva inquietud.
Quería comprender qué estaba ocurriendo con su voz, por qué había perdido capacidades que antes parecían naturales y qué podía hacer para recuperar un funcionamiento vocal más cómodo y eficiente.
A partir de entonces comenzó a profundizar todavía más en la técnica vocal, la escucha especializada y el desarrollo de ejercicios adaptados a las características de cada persona.
Su propia experiencia le mostró que dos voces pueden presentar dificultades aparentemente similares y, sin embargo, necesitar enfoques de trabajo diferentes.
También comprendió que el entrenamiento vocal y la evaluación médica especializada pueden complementarse, siempre respetando las responsabilidades y los límites de cada profesión.
Con el tiempo, comenzó a acompañar a cantantes y profesionales que enfrentaban problemas de fatiga, pérdida de resistencia, dificultades técnicas o alteraciones vocales previamente evaluadas por especialistas médicos.
En este camino ha desarrollado una especial confianza y admiración profesional por la Dra. Mari Carmen Medrano Tinoco, especialista en Otorrinolaringología, a quien Gladys recomienda ampliamente por su experiencia, dedicación y compromiso con sus pacientes.
Para Gladys, contar con una valoración médica adecuada cuando es necesaria es una parte fundamental del cuidado responsable de la voz.
Su trabajo como vocal coach se concentra en el entrenamiento, la coordinación y el desarrollo de habilidades vocales, así como en acompañar a cada persona a utilizar su voz de una manera más eficiente y consciente.
A lo largo de los años, ha trabajado con artistas que atravesaban momentos especialmente difíciles de sus carreras.
Algunos habían perdido confianza en sus capacidades vocales; otros enfrentaban dificultades que comprometían sus grabaciones, presentaciones o compromisos profesionales.
En determinados casos, incluso habían llegado a considerar la posibilidad de abandonar los escenarios.
Mediante procesos personalizados de entrenamiento y acompañamiento vocal, Gladys ha contribuido a que diversos artistas recuperen capacidades funcionales, desarrollen mayor seguridad y puedan continuar con sus actividades profesionales.
Por respeto a la privacidad de quienes han confiado en ella, las experiencias relacionadas con la salud vocal de sus alumnos se mantienen sin nombres ni detalles médicos personales.
Sin embargo, hay algo que une a todas esas historias: detrás de cada voz existe una persona que desea volver a expresarse con libertad.
Toda esta trayectoria también ha estado profundamente ligada a Sax, su compañero de vida y de trabajo.
Desde que se conocieron en la universidad, la música se convirtió en un vínculo que fue creciendo hasta transformarse en un proyecto compartido.
Sus experiencias profesionales son diferentes y, precisamente por eso, se complementan.
Mientras Gladys aporta su extensa formación musical, su sensibilidad auditiva y su experiencia en el entrenamiento de la voz cantada, Sax integra conocimientos relacionados con la voz hablada, la interpretación, el lenguaje corporal, la improvisación y la comunicación.
Juntos han construido una manera de trabajar basada en una idea fundamental:
Cada voz es única y merece ser comprendida como tal.
Hoy, Gladys continúa dedicando su vida a enseñar, escuchar, investigar y descubrir nuevas posibilidades en las voces de quienes llegan a ella.
Su experiencia le ha demostrado que una voz puede ser mucho más que una herramienta profesional.
Puede ser una forma de expresar sentimientos, construir confianza, conectar con otras personas y descubrir capacidades que uno mismo desconocía.
Después de tantos años entre escenarios, estudios de grabación, producciones de televisión y aulas de enseñanza, conserva la misma curiosidad que la ha acompañado desde niña.
Porque para Gladys, comprender la voz humana sigue siendo una fuente inagotable de aprendizaje.
Y ayudar a alguien a descubrir todo lo que puede hacer con la suya es uno de los mayores logros y satisfacciones de su vida.








